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DECISIONES VITALES

Reconozco que cuando mi medio pomelo me dijo -con esa cara que pone para las cosas serias- que quería ser empresario… me asusté. Yo tengo idealizado al empresario/a porque considero que tienen una fuerza y una capacidad digna del record de los Guinness. En mi caso, teniendo un padre funcionario y una madre empresaria sabía perfectamente los pros y los contras de cada escenario. No obstante, sin titubear le dije: “si crees que eso te va a hacer más feliz… adelante”. A día de hoy puedo echar la vista atrás y la incertidumbre y los temores a que le “partieran el corazón” empresarialmente hablando se han disipado y el éxito es aceptable. Desde esta situación y con cierta perspectiva, me gustaría hacer un símil entre la decisión de ser empresario y otra reciente experiencia personal: ser mamá.

Nunca es el momento”, siempre piensas que hay un momento mejor para dar el paso, pero los años pasan y como dicen los abuelos: “se te pasa el arroz”. No hay edad para ser padre ni para ser empresario, lo único que necesitas es la decisión y la ilusión de arriesgar a dar un giro radical a tu vida.

Nada volverá a ser igual”, sin duda una máxima mundialmente reconocida porque tu mundo se pone completamente del revés. Ya no hay rutinas, cambia el yo o el nosotros por un tercer elemento en discordia. Del mismo modo, una vez que das el paso y te inicias en el mundo de la empresa tu vida se convierte en una montaña rusa con alti-bajos e incluso algún looping pero igual que no conozco a alguien que daría marcha atrás y devolvería –incluso si vinieran con ticket- a un hij@, nadie renuncia a la adrenalina de ser tú el dueño de tu propio destino y vivir cada día un reto, una aventura, una prueba sobre lo que tú eres capaz de sacar de ti mismo.

Dormir será un lujo”. Todos pensamos que tendremos un bebé que dormirá 8 horas seguidas e igual, todos aspiran a que una vez monten la empresa podrán evitar esas “explotaciones” de horas extra sin remuneración. Ni una cosa ni la otra son nunca verdad. Hay mucho”mentirosillo” al respecto, pero… ¿qué importa tener ojeras si tienes entre tus brazos un trozo de cielo?, del mismo modo, ¿qué importa trabajar más horas si el rendimiento de tu trabajo es para ti? ¿si trabajas más, pero puedes hacer jornadas flexibles y escribir proyectos en el after hour con tus zapatillas de estar en casa?

Que sea una horita corta”. Aquí viene lo más impactante para mí, existe un tabú sobre lo que duele, todos nos hacemos una idea de que no será precisamente un paseo por las nubes, pero hasta que no estás ahí en el momento sufriéndolo de verdad no eres capaz de hacerte ni una mínima idea de lo “gore” que puede llegar a ser. No es menos cierto, si decides emprender. Parece que lo más complicado serán los papeles y las burocracias para la puesta en marcha, pero el sufrimiento se prolonga, las contracciones siguen para conseguir cada nuevo cliente, lanzar un nuevo producto, elegir partner, cobrar…

Cuando le ves la carita, todo quedará compensado”. Es cierto que el dolor queda en un segundo plano porque ahora te das cuenta de que hay algo que es resultado de un proceso casi mágico e inexplicable para la razón que ahora tiene forma, color, sonido y unos ojitos que te buscan esperando tus mimos y cuidados. Igual, cuando alguien le da forma a una idea y convierte un sueño en una realidad empresarial no puede dejar de pensar en cómo hacerlo crecer, en cómo alimentarlo para que avance, para que sea mejor, en definitiva, para que sea y te haga feliz.

Bueno… podría seguir con algunos otros mitos como “ningún hijo es feo para sus padres”, como “ninguna empresa es una ruina para un emprendedor convencido” pero no quiero alargarme, solo quería compartir esta reflexión desde el corazón para animar a cualquiera que tenga la inquietud a lanzarse al vacío, porque la vida es un mundo lleno de retos y no hay nada más satisfactorio que probarse a uno mismo creciendo y mejorando como persona. Eso sí, siempre mejor acompañado que solo. Ojalá tengáis la suerte, como yo, de encontrar vuestro medio pomelo para hacerlo. Ser empresario/a y ser padre/madre es la misma maravillosa contradicción de la vida.

Por: Patricia P. Iglesias Sánchez. Profesora de Marketing de la Universidad de Málaga.